En nuestro artículo anterior mencionamos el barniz y la laca como dos opciones para proteger y darle terminación a la madera, pero también dijimos que, aunque cumplen funciones similares, no son exactamente lo mismo. Por eso, esta vez queremos profundizar en las diferencias entre el barniz y la laca, pero desde nuestra propia experiencia trabajando con madera.
Nuestros primeros aprendizajes con el barniz
Cuando comenzamos a trabajar en carpintería fuimos descubriendo muchas cosas a medida que avanzábamos. No hubo una carrera ni alguien que nos enseñara todos los secretos del oficio: fuimos probando, equivocándonos y sacando conclusiones de cada experiencia. Al principio entregábamos todos nuestros productos barnizados, pero pronto descubrimos que no era simplemente pasar un pincel y esperar. Había que tener en cuenta el tiempo de secado, la humedad, la lluvia, el viento y hasta la suciedad que podía adherirse a una superficie recién terminada (Además, usábamos el barniz prácticamente puro, lo que hacía más difícil extenderlo y nos generaba dudas con los tiempos de secado).
Con el tiempo entendimos que no estábamos obligados a entregar todos nuestros productos barnizados. Empezamos a ofrecer también la madera al natural y a darle al cliente la posibilidad de elegir entre barniz, tinte o pintura. De esta manera, cada persona podía decidir qué terminación necesitaba y pagar por ella solo si realmente la quería. A nosotros, además, nos permitió agilizar mucho el trabajo.

Qué cambió cuando comenzamos a trabajar con laca
Tiempo después, un cliente nos pidió que utilizáramos laca en lugar de barniz. Hasta ese momento nunca la habíamos trabajado, así que para nosotros fue algo nuevo. Lo primero que notamos fue que la laca tenía una consistencia más densa que el barniz y que, como nos explicaron en la pinturería, necesitaba diluirse con thinner para poder aplicarla. Ahí también nos explicaron que el barniz que utilizábamos habitualmente se trabajaba con aguarrás.
Una vez seca, la laca nos sorprendió: la superficie quedó muy suave al tacto y con un brillo que le daba una apariencia casi plastificada (Pensamos: «Ahora entiendo porque eligió especificamente laca»). Pero eso tampoco significa que una sea mejor que la otra. Las diferencias entre el barniz y la laca se vuelven más importantes cuando tenemos en cuenta el producto que estamos terminando, el uso que tendrá y el acabado que buscamos. No es lo mismo terminar un objeto decorativo para interior que una pieza que estará en un jardín, expuesta a la lluvia, la humedad y el rocío.
¿Qué terminación elegir para cada tipo de trabajo?
Otra de las diferencias entre el barniz y la laca que notamos trabajando fue el tiempo de secado. Bajo condiciones climáticas favorables, en nuestra experiencia el barniz podía tardar aproximadamente entre 7 y 8 horas en secar cuando lo diluíamos con aguarrás. Con thinner, ese tiempo podía reducirse a unas 4 o 5 horas. La laca, en cambio, tenía un secado mucho más rápido: aproximadamente entre 15 y 30 minutos.
También descubrimos que la forma de aplicación hacía una gran diferencia. Al principio trabajábamos con pincel, pero con el tiempo tuvimos la bendición de poder incorporar a nuestras herramientas un compresor y un soplete para pintar. Eso nos ayudó muchísimo a agilizar el proceso y los tiempos de trabajo. Además, al poder aplicar capas más finas y uniformes también favorecía el secado.
Estos tiempos son solamente una referencia de nuestra experiencia y pueden variar según el producto, la cantidad aplicada, la temperatura, la humedad, la ventilación y las indicaciones del fabricante. Por eso, siempre es importante leer las instrucciones del producto que estamos utilizando.
¿Cuánto tarda en secar el barniz y la laca?
Bajo condiciones climáticas favorables, en nuestra experiencia el barniz podía tardar aproximadamente entre 7 y 8 horas en secar cuando lo diluíamos con aguarrás. Con thinner, ese tiempo podía reducirse a unas 4 o 5 horas. La laca, en cambio, tenía un secado mucho más rápido: aproximadamente entre 15 y 30 minutos. Estos tiempos son solo una referencia de nuestra experiencia y pueden variar según el producto, la cantidad aplicada, la temperatura, la humedad, la ventilación y las indicaciones del fabricante.
También descubrimos que la forma de aplicación hacía una gran diferencia. Al principio trabajábamos con pincel, pero con el tiempo tuvimos la bendición de poder incorporar a nuestras herramientas un compresor y un soplete para pintar. Eso nos ayudó muchísimo a agilizar el proceso y los tiempos de trabajo. Además, al poder aplicar capas más finas y uniformes, en determinadas condiciones también favorecía el secado.
De gasto a inversión
Y acá aprendimos algo que va un poco más allá de la pintura. Muchas veces tenemos la posibilidad de incorporar una herramienta que nos ayudaría a avanzar, pero la vemos solamente como un “gasto”. Con el tiempo entendimos que, si algo nos permite trabajar mejor, agilizar procesos, crecer o incluso cuidar nuestra salud, también puede ser una inversión.
Cuando empezamos a cambiar esa mirada, también cambió nuestra forma de vivir el crecimiento del taller. Donde antes veíamos un gasto y aparecía la preocupación, empezamos a ver una inversión y apareció el agradecimiento. (Es un tema que nos gustaría profundizar en otro artículo, porque detrás de una herramienta nueva muchas veces hay mucho más que una compra: hay una decisión de crecer)

Algunas herramientas que nos ayudaron
Si estás pensando en mejorar la forma de aplicar pintura, barniz o laca, estas son algunas de las opciones que nosotros estuvimos considerando según el equipo que ya tengas:
- Si no tenés compresor: una máquina eléctrica para pintar puede ser una alternativa práctica, ya que no necesitás sumar un compresor y puede resultar más sencilla para determinados trabajos → Haz clic aqui para ver
- Si ya tenés compresor: podés incorporar un kit de pintura con soplete y aprovechar el equipo que ya tenés → Haz clic aqui para ver
- Si no tenés compresor y querés hacer una inversión más completa: un compresor acompañado de un kit de pintura puede darte más posibilidades de uso y servirte también para otras tareas del taller → Haz clic aqui para ver
En nuestro caso, la incorporación del compresor y el soplete significó mucho más que tener una herramienta nueva: fue una forma de trabajar de manera más cómoda y eficiente.
Importante: el clima también forma parte del plazo
Las diferencias entre el barniz y la laca no fueron lo único que tuvimos que aprender. Los trabajos con barniz, laca, tinte o pintura también nos enseñaron que el clima puede cambiar por completo los tiempos de trabajo.
Al principio dábamos fechas demasiado exactas y una vez, por ejemplo, coincidió que tuvimos varios días de muchísima humedad. El acabado no secaba como necesitábamos y, para cumplir con la fecha que habíamos prometido, terminamos barnizando dentro de nuestra propia casa durante dos o tres días. Aunque abríamos las ventanas, convivir con los vapores y el olor del barniz fue muy incómodo.
Esa experiencia nos hizo entender que no valía la pena poner en riesgo nuestra salud por cumplir una fecha que nosotros mismos habíamos establecido. También aprendimos que no solo la humedad puede complicar el trabajo.
En otra oportunidad tuvimos que barnizar durante un día de mucho viento y la tierra, las hojas y pequeñas partículas que volaban terminaban pegándose en la superficie húmeda. Después era muy difícil retirarlas sin arruinar el acabado.
Desde entonces entendimos algo fundamental: cuando un trabajo depende de las condiciones climáticas, el plazo tiene que ser estimado y no una promesa rígida. Por eso, cuando un cliente solicita un trabajo con barniz, laca, tinte o pintura, damos un tiempo aproximado y aclaramos que puede variar según la humedad, la lluvia, la temperatura y el viento.
Actualmente hacemos estos trabajos al aire libre y no dentro de nuestra casa. Aprendimos que cuidar nuestra salud y la de nuestra familia es más importante que cumplir una fecha a cualquier precio. Y si un cliente necesita una fecha absolutamente exacta y no puede aceptar esa incertidumbre, siempre existe la posibilidad de recibir el producto al natural y realizar el acabado por su cuenta. Esta experiencia nos enseñó algo que va mucho más allá de la carpintería: hay que valorar el trabajo de los demás, pero también aprender a valorar nuestro propio trabajo, nuestra salud y establecer límites.

La seguridad también es parte del trabajo
Todo esto también nos llevó a prestar más atención a nuestra seguridad. Cuando trabajamos con barnices, lacas, pinturas y solventes, es importante hacerlo en un lugar ventilado y utilizar los elementos de protección según el producto que estamos usando.
- Para proteger las manos, por ejemplo, podemos utilizar guantes adecuados para la tarea y compatibles con los productos que vamos a manipular. Nosotros encontramos esta opción de guantes de nitrilo que nos pareció interesante para tener en cuenta → Haz clic aqui para ver
- También debemos prestar atención a la protección de los ojos y las vías respiratorias. Encontramos esta opción de máscara con doble filtro y antiparras, que nos pareció una alternativa interesante para considerar → Haz clic aqui para ver
De todos modos, los guantes, la protección ocular y respiratoria deben elegirse de acuerdo con la tarea y las indicaciones de seguridad del producto que estamos utilizando. No todas las máscaras o respiradores ofrecen la misma protección frente a todos los productos.
Y hay algo más que nosotros incorporamos después del trabajo: hidratar las manos. No reemplaza los guantes ni es una medida de seguridad, pero si sentimos la piel seca, una crema hidratante puede ser un pequeño plus para cuidar la piel. Porque hay cosas que podemos reemplazar, reparar o volver a fabricar, pero la salud no es una de ellas.
¡Y esto fue lo que fuimos aprendiendo al entender las diferencias entre el barniz y la laca!
Después de todo lo que fuimos descubriendo sobre las diferencias entre el barniz y la laca, nuestra conclusión es que no existe una respuesta única. El barniz puede ser una excelente alternativa para determinados muebles y también existen productos específicamente formulados para exterior. La laca, por su parte, puede ser interesante cuando buscamos determinados acabados.
Lo importante es conocer el producto que estamos utilizando, respetar sus indicaciones y elegir la terminación teniendo en cuenta el uso que tendrá la pieza y el resultado que buscamos. Nosotros tardamos un tiempo en aprenderlo. Cometimos errores, hicimos preguntas, probamos cosas y muchas veces tuvimos que volver a empezar. Y justamente por eso nos gusta compartir estas experiencias. Quizás alguna de las dudas que nosotros tuvimos al principio sea justamente la que vos estás intentando resolver ahora.
Si llegaste hasta acá buscando información sobre acabados, también te invitamos a leer nuestro artículo “Cómo cuidar un mueble de pino para que dure muchos años”, donde hablamos más específicamente sobre los cuidados que podemos darle a esta madera para conservarla en buenas condiciones durante más tiempo.
