Los problemas al emprender aparecen cuando menos los esperamos. Cuando pensamos en iniciar un negocio, muchas veces caemos en uno de dos extremos. Por un lado están quienes creen que todo será imposible. Por el otro están quienes imaginan que todo será fácil. La realidad suele estar en un punto intermedio.
Emprender tiene cosas hermosas, pero también desafíos y muchos de esos problemas al emprender no aparecen en los libros ni en los videos, sino que se descubren cuando uno ya está en marcha. Hoy queremos compartir tres situaciones reales que nos tocaron vivir en distintos momentos de nuestro emprendimiento. Ninguna estaba en nuestros planes, ninguna la vimos venir y todas nos dejaron enseñanzas que seguimos aplicando hasta el día de hoy.
1. La vez que una máquina nos impidió cumplir a tiempo
Hubo una época en la que teníamos pedidos semanales de un mismo cliente en grandes cantidades. Era un trabajo completamente artesanal que dependía de una caladora de banco y de unas hojas muy finas que se rompían constantemente. Con el tiempo fuimos encontrando formas de mejorar el proceso, pero apareció un problema mucho más grande: una pieza de la máquina se rompió. De repente, no podíamos avanzar.
Comenzó entonces la búsqueda del repuesto. Preguntamos por todos lados, recorrimos negocios, buscamos alternativas y durante varios días parecía que no encontrábamos una solución. Pero la rotura de la máquina no era lo único que nos preocupaba. Del otro lado había un cliente esperando resultados.
Hasta ese momento siempre habíamos cumplido con nuestras entregas y nunca nos habíamos encontrado en una situación así. Fue la primera vez que sentimos la presión de querer responder, tener la solución y simplemente no poder conseguirla de inmediato. La realidad es que, por más compromiso que uno tenga, hay situaciones que se escapan de las manos. Finalmente encontramos el repuesto y pudimos continuar con el trabajo, pero esa experiencia nos dejó varias enseñanzas.

Lo que aprendimos de estos problemas al emprender
- No todo está bajo nuestro control: Por más organizados que intentemos ser, siempre pueden surgir situaciones inesperadas. Una máquina puede romperse, un proveedor puede demorarse o simplemente aparecer un problema que no vimos venir. Aprender a aceptar eso nos ayudó a manejar mejor la frustración.
- Los problemas no se solucionan preocupándose más: Preocuparse es normal, pero llega un punto donde deja de ayudar. Pasar horas pensando en el problema no hacía aparecer el repuesto más rápido ni arreglaba la máquina. Lo que realmente marcó la diferencia fue enfocarnos en buscar soluciones en lugar de alimentar la preocupación. Fue ahí donde comenzamos a aprender la importancia de mantener la calma.
- Como emprendedores debemos buscar soluciones, pero también aprender a mantener la calma: Cuando una persona está esperando su pedido, es lógico que quiera respuestas. Sin embargo, muchas veces no ve todo lo que ocurre detrás de escena, no conocen todo lo que está ocurriendo detrás de un retraso, y eso puede generar presión extra. Incluso cuando explicamos la situación con sinceridad, no siempre podemos esperar comprensión o paciencia del otro lado. Y aunque eso puede ser difícil, también forma parte de emprender. Esa experiencia nos enseñó a ser más empáticos tanto como emprendedores como cuando nosotros mismos somos clientes.
Mientras atravesábamos esa situación recordábamos algo que Jesús enseñó: que no tiene sentido vivir preocupados por el mañana porque cada día tiene sus propios desafíos (Mateo 6:34). Y la verdad es que eso fue exactamente lo que tuvimos que aprender. La desesperación no solucionaba nada. Lo único que podíamos hacer era seguir buscando una respuesta, avanzar un paso a la vez y confiar en que tarde o temprano íbamos a encontrar una solución.
2. La vez que una máquina nueva dejó de funcionar
En otra oportunidad estábamos realizando un trabajo mayorista, pero este tenia varios inconvenientes que iban surgiendo y que nos fueron retando en todo momento a mejorar cada tecnica y acabado. Con el tiempo fuimos mejorando el proceso y decidimos invertir en una herramienta específica para ese trabajo: una sierra sin fin. Estábamos convencidos de que muchos de los problemas habían quedado atrás. Pero un día dejó de funcionar ¡Y sí, era prácticamente nueva!
La frustración fue enorme. Cuando una herramienta nueva falla, uno siente que hizo todo bien y aun así las cosas salen mal. Sabíamos que podíamos recurrir a la garantía, pero también sabíamos que los tiempos de una garantía no siempre coinciden con los tiempos de un cliente. Por eso decidimos buscar una solución alternativa. Empezamos a contactar talleres y personas que pudieran ayudarnos a realizar el trabajo mientras resolvíamos el problema de nuestra máquina. Y fue ahí donde aprendimos algo que hasta hoy seguimos considerando muy valioso.

Lo que aprendimos de estos problemas al emprender
- Siempre es bueno conocer a otros emprendedores de nuestro rubro: Antes pensábamos mucho más en resolver todo por nuestra cuenta. Pero esta experiencia nos mostró que tener contacto con otras personas que hacen trabajos similares puede ser de gran ayuda cuando surge un problema inesperado.
- No todo el que hace lo mismo que nosotros es una amenaza: A veces vemos a otros emprendedores únicamente como competencia. Sin embargo, con el tiempo descubrimos que muchas veces pueden convertirse en grandes aliados, personas que entienden los mismos desafíos que nosotros y que incluso pueden darnos una mano cuando más lo necesitamos.
- Poder recomendar a alguien también es una forma de ayudar a un cliente: Cuando no podemos cumplir con un trabajo, ya sea por una rotura, falta de tiempo o cualquier otra circunstancia, intentar orientar al cliente hacia una solución también es parte de un buen servicio. A nadie le gusta decir que no puede hacer algo, pero a veces ayudar significa justamente buscar quién sí puede hacerlo.
- Algún día nosotros podemos necesitar ayuda, y otro día podemos ser nosotros quienes ayudemos a alguien más: La vida da muchas vueltas. Hoy quizás somos nosotros quienes derivamos un trabajo y mañana podemos ser quienes recibimos una recomendación. Por eso creemos que vale la pena construir buenas relaciones y no encerrarnos únicamente en nuestro propio emprendimiento.
Muchas veces pensamos que debemos guardarnos todos los contactos o todas las oportunidades. Sin embargo, descubrimos que colaborar suele traer mejores resultados que competir por todo. Además, ayudar a otro emprendedor no siempre significa perder una oportunidad. Muchas veces significa generar confianza. Y también creemos algo más. Dios ve cada cosa que hacemos, incluso aquellas que nadie más nota, y confiamos en que Él es quien recompensa a su tiempo.
3. El día que se rompieron dos máquinas juntas
Si pensábamos que ya habíamos vivido suficientes problemas, todavía nos esperaba una experiencia más. En otra experiencia, tiempo mas adelante, dejaron de funcionar una caladora de mano y una sierra de banco en un mismo día. Dos herramientas fundamentales para el trabajo que estábamos realizando. Era como querer hacer una torta sin horno.
La situación era complicada, pero nos encantó darnos cuenta de que seguíamos preocupados, claro, pero ya no estábamos desesperados. Las experiencias anteriores nos habían enseñado dónde buscar repuestos, cómo comunicarnos con los clientes y cómo reaccionar cuando las cosas no salen como estaban planeadas.
Buscamos los repuestos, avisamos al cliente con tiempo y acordamos una nueva fecha de entrega. Y mientras atravesábamos todo eso, recordamos un consejo que una vez nos dio nuestro pastor. Nos dijo que si teníamos la posibilidad de comprar una máquina nueva, lo hiciéramos. Pero que cuando pudiéramos también reparáramos la vieja y la guardáramos. De esa manera, si volvía a surgir un problema, tendríamos una herramienta de respaldo mientras resolvíamos la situación. Nos pareció un consejo muy sabio y decidimos aplicarlo por primera vez.

Lo que aprendimos de estos problemas al emprender
- Las experiencias difíciles preparan para las futuras: Cuando vivimos el primer problema parecía el fin del mundo, no sabíamos dónde buscar, cómo reaccionar ni cuánto tiempo tardaríamos en resolverlo. ¡Pero fue muy lindo descubrir que, cuando volvió a suceder, ya sabíamos cómo manejarnos! Nos demostramos a nosotros mismos que habíamos aprendido y que había llegado el momento de poner en práctica esas enseñanzas. Las máquinas seguían rompiéndose y los imprevistos seguían apareciendo, pero esta vez los enfrentábamos con mucha más tranquilidad porque ya habíamos pasado por situaciones parecidas.
- Comunicar los problemas a tiempo ayuda mucho con los clientes: Nadie quiere avisar que habrá una demora. Pero aprendimos que es mucho mejor hablar con sinceridad apenas aparece el inconveniente que esperar hasta último momento. Cuando un cliente sabe qué está ocurriendo, suele comprender mejor la situación y valorar que se le informe con honestidad.
- Tener herramientas de respaldo puede salvar un pedido: Comenzamos a aplicar ese consejo de tener herramientas de respaldo, tal vez no la necesitemos durante mucho tiempo (o esperemos que sea muuucho tiempo), pero el día que surja un problema puede convertirse en la diferencia entre seguir trabajando o quedar completamente detenidos.
- Cada dificultad puede convertirse en una oportunidad para aprender y mejorar: Nadie disfruta atravesar problemas. Sin embargo, muchas de las cosas que hoy hacemos mejor nacieron justamente de situaciones difíciles. Por eso, aunque en el momento cueste verlo, creemos que cada obstáculo también puede traer una enseñanza que nos ayude a crecer como personas y como emprendedores.
¿Qué nos enseñaron estos 3 problemas al emprender?
Si hay algo que aprendimos de estos problemas al emprender es que tener un negocio no significa vivir sin dificultades. Significa aprender a resolverlas y seguir avanzando a pesar de ellas. Ninguno de estos inconvenientes estaba en nuestros planes. Ninguno apareció cuando lo esperábamos. Y ninguno se solucionó exactamente como habíamos imaginado. Pero todos nos dejaron una enseñanza que nos ayudó a enfrentar mejor el siguiente desafío.
Mirando hacia atrás, entendemos que Dios usó incluso esos momentos difíciles para enseñarnos cosas que probablemente no habríamos aprendido de otra manera. Por eso, si hoy estás atravesando un problema en tu emprendimiento, queremos animarte. No significa que estés haciendo las cosas mal. Muchas veces simplemente significa que estás aprendiendo. Y aunque hoy solo veas el obstáculo, quizás con el tiempo descubras que también vino acompañado de una enseñanza que te preparará para lo que viene después.
